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Dificultades del amor

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Hablar de Sujeto en Psicoanálisis va más allá de la referencia a una persona e incluso, refuta el concepto de individuo, lo que supondría a una persona indivisible. Hablar de Sujeto en Psicoanálisis es un modo de destacar la dimensión de sujeción, de amarramiento o incluso, yendo muy lejos, de dominación tal como indica su raíz latina.

¿Sujeto sujetado a qué?

A un Objeto amado e irremediablemente perdido en el momento de la constitución psíquica.

Es más; no habría sujeto sin dos condiciones indispensables. Una relación de amor del bebé que nace con alguien que lo aloje y lo desee; y sin que de la separación de esa relación, un Objeto se desprenda y falte.

¿Como recuperar ese objeto faltante?

Una de las tres vías posibles, según Jacques Lacan es el amor, junto al odio y la ignorancia.

En un intento siempre incesante, otros objetos, diferentes al radicalmente perdido, serán puestos en ese lugar: una pareja, un ideal, un hijo, un trabajo, una profesión, etc. Esos objetos pueden ser variados aunque no infinitos.

Dicho de otro modo, el objeto de amor nunca es contingente. Puede serlo el primer encuentro con la persona que se ama, o puede haber participado la casualidad en el hallazgo de tal destino profesional. Pero lo que hace que ese objeto y no otro, quede fijado amorosamente supone indispensablemente la participación del sujeto. Es el sujeto el que elige. Sin su determinismo, ese objeto habría pasado sin mayor trascendencia. El objeto de amor es una elección forzada, si puede decirse. Se elige si, pero dentro de los límites de la propia historia del que ama. Es ese el sentido de dominación al que hacía referencia al principio. “Dominado” por el propio objeto faltante, el sujeto elige inconscientemente que o a quien amar.

En una relación de amor no se trata tanto del sujeto amado llamado X, aunque pueda parecerlo; sino de que el que ama pueda desplegar su propia falta en el otro. Para poder hacerlo, el amado tendrá que tener cierta particularidad o rasgo muy preciso, relacionado a esa falta de objeto del amante, que el que ama generalmente desconoce y el amado, representa.

Pero lo verdaderamente interesante es que el sujeto amado también ama por las mismas razones: por estar en falta. A lo sumo entonces una relación amorosa puede ser un entrecruzamiento de faltas y de objetos, pero nunca será un amor ideal que se satisfaga en la obtención de la otra mitad que lo complete. El objeto hallado nunca volverá a ser exactamente como el que se ha perdido.

Aún incluso cuando la pareja participa de ese amor, cuando ha prestado su consentimiento, la dimensión imaginaria del amor pocas veces se sustrae. Convertirse en objeto de amor, no solo supone un lazo tierno. Ese lugar tan privilegiado también conlleva un despliegue inconsciente de idealizaciones, de agresividad y de identificaciones que si no son analizados, pueden volver insostenible un encuentro amoroso.

Y aún resta la dimensión del goce, propio de cada uno, que es lo que brinda la posibilidad de que una pareja se anude de manera sintomática. Es un modo estable, no necesariamente patólogico, de funcionar con otro. Los desequilibrios sobrevienen cuando ese goce particular de cada cual, ya no es compartido.

El tratamiento analítico incide sobre esas modalidades de goce particulares, para que la libido no deje de tomar el relevo. De otra manera no es posible incluir al partenaire, ni hacer soportable la relación amorosa.

“El amor es un evento”, según decía recientemente Marie-Hélène Brousse, psicoanalista francesa; enfatizando justamente la dimensión de acontecimiento. Algo que sucede para recuperar de manera aproximada, fuera del sujeto, al objeto perdido.

Pero el amor en una pareja no es suficiente, luego habrá que poder hacer con él.